¿Dónde siento cómo me siento?
Palabras clave:
emociones, gestión emocional, estrés, somatización, autocuidadoResumen
Las emociones constituyen respuestas psicofisiológicas transitorias y se componen diferentes dimensiones como: fisiológicas, cognitivas y conductuales. Su función es adaptativa, motivacional y social: permiten enfrentar retos, movilizar la acción y comunicar estados internos. Sin embargo, las narrativas culturales suelen clasificarlas como “buenas” o “malas”, lo que conduce a su represión y, en consecuencia, a un impacto negativo en el cuerpo. El organismo refleja las emociones en distintas zonas (cabeza, estómago, piel, corazón) y reconocer estas señales favorece la conciencia emocional. Cuando las emociones no son identificadas ni expresadas, se transforman en fuentes de estrés interno. Este estrés sostenido puede derivar en somatización, manifestándose en dolores crónicos, alteraciones gastrointestinales, cardiovasculares, dermatológicas o del sueño. La relación entre emociones y salud física evidencia la necesidad de atender la salud mental como parte del bienestar integral, por tanto, la gestión emocional se plantea como una estrategia de autocuidado. No implica controlar o eliminar la emoción, sino nombrarla, aceptarla y responder de manera consciente, utilizándose como información sobre las propias necesidades. Entre las estrategias con respaldo científico destacan: Mindfulness, Reevaluación cognitiva, Flexibilidad emocional; sin embargo, cabe resaltar la existencia de un mayor número de técnicas que resultan beneficiosas para la gestión adecuada de las emociones.